Nos llaman la atención unas diminuta botas acartonadas por el agua salada o el tiempo, y nos sentimos sobrecogidos. “ Son de una niña que se salvó”, nos explica Jesús Ferreiro, Comisario de la exposición y representante de la empresa europea Titanic Centenary 2012 Ltd. “ Su padre se ahogó”, insiste. “ Había vendido todo para llevar a su familia a América. El dinero le alcanzó para comprar los pasajes de tercera clase y unas botas para su hija, que iba descalza”, asegura.
Esta es solo una de las 1523 tragedias humanas que reconocemos porque han sido llevadas mil
veces al cine, con la salvedad de que aquí no existe la dramatización. Sin duda es la muestra itinerante más grande jamás presentada, pero también la más ilustrativa y fiel a la realidad tanto por su ambientación y documentación, como por la cercanía a los hechos que ofrecen los objetos.
La exposición de 1.700m2 que el Museo Marítimo y Titanic Centenary han inaugurado ayer en Barcelona eriza el vello hasta al más insensible, porque a través de los objetos y documentos originales rescatados de la colosal nave que yace sumergida a 4 km bajo la superficie en el Atlántico Norte, retrocedemos en el tiempo hasta ese 10 de abril de 1912 a las 12:00h cuando el Titanic inicia su viaje inaugural entre Southampton y New York con el objetivo de batir un record de velocidad.
Nadie intuía entonces el fatal desenlace, que se desencadenó a las 23:40h aproximadamente del día 13 de abril, cuando el oficial al cargo da las órdenes de “ marcha atrás, todo a estribor y cerrar las puertas estancas”, segundos antes de que la panza del “insumergible” fuera abierta en canal por un iceberg y comenzara el naufragio.
A las 22:00h, el Titanic recibía un mensaje del California alertándole sobre la presencia de enormes masas de hielo, pero el radiotelegrafista le contesta que deje la línea libre porque tiene demasiado trabajo enviando mensajes de felicitación de los pasajeros. Él, como todos, se creyó inmortal viajando en esa maravilla de la ingeniería para la época.
Inmediatamente se da la voz de alarma y los pasajeros comienzan a ocupar los botes salvavidas evidenciándose que no hay suficientes para alojar a todos, pasajeros y tripulación. Los de tercera clase quedan incomunicados y atrapados al permanecer cerradas las puertas metálicas que les impedían la libre circulación y el acceso a los botes salvavidas.
Poco más de una hora después, a la 1:00h de la madrugada del 14 de abril, la proa ya se encuentra sumergida en el agua; y cuando esta llega a la cubierta A, se comienza a elevar la popa dejando al descubierto las gigantescas hélices. El casco se divide en dos y la popa cae al agua tras permanecer en posición vertical durante más de dos minutos.
Los gritos de S.O.S del Titanic eran desesperados, pero el radiotelegrafista del California tenía la comunicación cortada. Se había enfadado mucho al recibir la prepotente contestación del Titanic ante sus advertencias de peligro y optó por irse a descansar. El Carpathia, que se encontraba a menos de 60 millas, acudió a la zona del desastre pero ya todo había terminado. 1523 personas pierden la vida, 705 consiguen salvarse y 306 cuerpos fueron rescatados inertes de la gélidas aguas.
Por más veces que nos la cuenten, la historia del mítico trasatlántico resulta conmovedora aunque la dramatización cinematográfica y la leyenda la hayan convertido en algo onírico, casi inventada, si no fuera porque sabemos que ciertamente ocurrió.






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